El auge del teletrabajo y el incremento de la dependencia tecnológica han recibido un espaldarazo decisivo con la crisis sanitaria, lo que debería traducirse en un mayor interés por la seguridad informática y las pólizas ciber.

Una de las consecuencias más sensibles del estallido de la crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha sido el auge del teletrabajo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, casi la mitad de las empresas españolas recurrió a esta modalidad laboral durante el confinamiento, frente al 15 % que lo usaban antes de la pandemia. Durante la cuarentena, un 15% dio pasos hacia una mayor digitalización y, en el caso de los establecimientos comerciales, un 16% introdujo el comercio electrónico en su esquema de negocio. Alrededor de una tercera parte de las empresas que han adoptado el teletrabajo asegura que lo mantendrá en el futuro. En los establecimientos comerciales, más de la tercera parte mantendrá en el futuro el servicio a domicilio y el comercio electrónico de sus productos. Tras la crisis del coronavirus, un 23% planea realizar innovaciones en sus procesos de producción y un 22,4% invertirá en nuevas tecnologías.

Crecimiento
Todos estos datos apuntan hacia un incremento de la dependencia de la tecnología por parte de las empresas, lo que, sin duda, debería venir acompañado de un aumento de los ciberriegos y en consecuencia del interés en los ciberseguros. “Se calculan incrementos del 40% respecto al primer trimestre del año”, concreta Félix Ferrer-Dalmau, director de Crouco. “Es prematuro, pero habría que analizar sectores y tamaños de empresas. Sin duda, la situación ha sensibilizado a las pymes para su contratación”, asegura.

“Nosotros no hemos vivido un crecimiento específico por la pandemia, aunque si consideramos que el incremento del teletrabajo y por tanto del uso de la tecnología aumenta el riesgo de delitos cibernéticos y en consecuencia de mayor demanda de seguros de ciberseguridad”, matiza por su parte Luis Alonso, suscriptor de Ciberseguros de QBE. “Por contraposición, las empresas en general están viviendo momentos difíciles a nivel económico, por lo que la sensación es de que se dará prioridad a otros ramos en los que por exigencias regulatorias o de terceras partes sea necesario estar asegurado y se considere más importante estar protegido”, añade. Sea como sea, “sí se ha vivido un aumento de tarificación de las pólizas, pero se considera más relacionado con el endurecimiento del mercado en general que por la pandemia en particular”, analiza.

Obligatoriedad
Siempre que se habla de ciberseguros aparece el debate acerca de la pertinencia o no de su obligatoriedad en un mundo en el que la dependencia de la tecnología es cada vez mayor. “Creemos que llegará a hacerse obligatorio en algún momento aunque dependiendo de los sectores”, señala Ferrer-Dalmau. “Probablemente se empezará con aquellas actividades que proporcionen servicios esenciales (si es que no es obligatorio ya en alguna de ellas). El aumento de delitos progresivo está concienciando a los empresarios y a sus clientes de la necesidad de esta tipología de seguros y esto puede que acabe derivando en su obligatoriedad. Otro aspecto importante es la rapidísima evolución de la tecnología, no siempre con una evolución paralela, de la ciberseguridad asociada, por lo que sí, consideramos que en breve se establecerá alguna normativa que determine obligatoriedad de esta tipología de seguros”, apunta.

“En lo que se refiere a RC puede ser que vayamos hacia la obligatoriedad, dado que afecta a una cuestión tan sensible como la privacidad de terceros. Pero no olvidemos que hay otros aspectos que una póliza ciber debe amparar: paralización de negociO, reputación, etcétera”, subraya por su parte Alonso.

Ciberseguridad personal
Sea como sea, no hay que olvidar que esta dependencia tecnológica cada vez mayor no solo afecta a las empresas, sino también a los ciudadanos en su ámbito personal. Cada vez son más los datos sensibles, nuestros como de terceras personas que confiamos a nuestros dispositivos electrónicos, quedando por tanto expuestos a los ciberdelincuentes.

“Introducir los ciberseguros a nivel empresarial está suponiendo un esfuerzo importante por parte del sector”, explica Ferrer-Dalmau, quien ve “una mayor dificultad” en su introducción en el ámbito de la RC Particular. “Aparte, debería ser un producto diferente en referencia a coberturas y primas. Me parece complicado a corto plazo”, admite

“Ya existen seguros específicos para algunos dispositivos, principalmente para móviles y tablets, seguros que cubren su pérdida o robo, etcétera”, contextualiza Alonso. “En cualquier caso, parece más complicado que un particular invierta dinero en protegerse frente a un ataque cibernético. Normalmente el particular no suele preocuparse demasiado de su entorno informático personal. Por poner un ejemplo básico, está comprobado que la mayoría de los particulares usan la misma contraseña, una no muy compleja, para acceder a sus redes sociales, a su correo, a su cuenta de Amazon, Netflix, etc. Aquel particular que sí se preocupa de la ciberseguridad tiene múltiples contraseñas, backups, seguridad adicional en su red, modifica la contraseña del router, bloquea las MACs no conocida o configura otro tipo de aspectos técnicos, pero no tiene en su mente la contratación de un ciberseguro”, reconoce. “La pandemia ha propiciado un mayor uso de la tecnología, pero no nuevos usos. Es cierto que la población está recibiendo más ‘phishing’ pero no se percibe una mayor concienciación a nivel particular como para contratar un ciberseguro”, remacha.

Asegurar ciberriesgos: imprescindible en la empresa, recomendable en casa